Thursday 29 October 2026
Eisenkot tendría que romper su promesa de no gobernar con los partidos árabes para llegar al poder en Israel
3 minutos de noticias · Internacional
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Con más del 85% escrutado, los aliados de Netanyahu suman 53 escaños, ocho menos que la mayoría absoluta, y Gadi Eisenkot necesitaría el apoyo de los partidos árabes, con 19 escaños, para gobernar.
Gadi Eisenkot esperaba ser la fuerza más votada con su partido Yashar. Pero al exjefe del Ejército israelí le ha superado por la derecha el Likud de Benjamín Netanyahu, que, pese a las duras críticas por su gestión del 7 de octubre, ha quedado primero en las elecciones legislativas.
Con más del 85% escrutado, aún faltan por contabilizar hasta 480.000 votos de soldados, policías, presos y personal de embajadas. Puede que algún escaño cambie, pero no la aritmética de bloques:
- Los aliados de Netanyahu suman 53 diputados, a ocho de la mayoría absoluta.
- La oposición sionista obtiene 48.
- Los partidos árabes logran 19, su mejor resultado histórico, gracias a la movilización récord de los palestinos con nacionalidad israelí.
Sin la Lista Conjunta y Ra’am no puede gobernar Eisenkot, pero con ellos tendría que romper su principal promesa de campaña: “Ra’am no estará en mi gobierno”. El exgeneral calificó los sondeos a pie de urna de “un voto de censura total contra Netanyahu y el gobierno del 7 de octubre”.
La noche electoral habló de “una victoria de la mayoría sionista responsable”. Horas después se dirigió a los responsables de las instituciones del Estado: “Netanyahu es un primer ministro de transición, sin mandato y sin confianza. Recordad que solo estáis al servicio del Estado y de los ciudadanos de Israel”.
Las opciones sobre la mesa:
- Gobierno en minoría, sostenido desde fuera por la abstención o el voto directo de los partidos árabes. Es la primera opción para desalojar a Netanyahu. Ya ocurrió en 1993, cuando Isaac Rabin gobernó con 56 diputados gracias al apoyo externo de los partidos árabes. Ra’am, que en 2021 se convirtió en el primer partido árabe en entrar en un gobierno israelí, está dispuesto a repetirlo, y la Lista Conjunta ofrece su respaldo desde fuera. El precio sería alto: parte del propio partido de Eisenkot, con diputados de derechas y religiosos, rechaza depender de los votos árabes. El último gobierno que lo hizo, el de Naftali Bennett, se desmoronó en 2022 por las deserciones de sus diputados más conservadores.
- Gran coalición con el Likud, con Netanyahu como primer ministro. Eisenkot también la descartó en campaña, y el precedente no invita al optimismo: en 2020, Benny Gantz aceptó un gobierno de rotación con Netanyahu, que se rompió antes de que llegara su turno.
- Repetición electoral en unos meses, sin garantía de que la participación árabe vuelva a ser tan alta.
El bloque de la oposición tampoco habla con una sola voz. Yair Golan, líder de Los Demócratas, es el único que defiende abiertamente pactar con las formaciones palestinas: “No tenemos futuro aquí si no dejamos de tener miedo y no acabamos con el racismo”. Escribió también: “El voto de un ciudadano israelí en Tira vale exactamente lo mismo que el de uno en Givat Shmuel”. En el otro extremo, Avigdor Lieberman, líder de Yisrael Beitenu, que llegó a compartir gobierno con Ra’am, descarta ahora cualquier alianza con los partidos árabes, y su negativa podría empujarle a cambiar de bloque. Bennett, socio de Eisenkot, también se ha opuesto a sentarse con ellos tras el 7 de octubre.
Netanyahu afronta las negociaciones a la ofensiva. El Likud asegura que las elecciones han sido “robadas” por los partidos árabes y ha pedido a la policía y al Shin Bet que investiguen un supuesto fraude masivo. La Comisión Electoral Central rechazó las acusaciones, aunque promete revisar todas las denuncias. Al mismo tiempo, el primer ministro ha tendido la mano a Eisenkot para formar un gobierno de unidad, y su partido ha contactado con Ra’am, según confirma su líder, Mansour Abbas. En 2021, fue el propio Netanyahu quien cortejó a Abbas antes de que entrara en el gobierno de Bennett.
Donald Trump aseguró que estudiará presionar para formar un gobierno de unidad encabezado por Netanyahu, y presumió de que su apoyo “marcó una gran diferencia para Bibi”.
La última palabra la tendrá el presidente, Isaac Herzog, que ha pedido a los partidos que negocien “con la mente abierta” para evitar unas nuevas elecciones.