Wednesday 28 October 2026
Enrique Vila-Matas recibe el Premio Nacional de las Letras Españolas a los 78 años
3 minutos de noticias · Cultura
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Con más de treinta libros a sus espaldas, el jurado reconoce su cuestionamiento de la autoridad narrativa y lo sitúa entre los escritores más subversivos del país. Hasta ahora no tenía el Cervantes ni el Princesa de Asturias.
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Por fin, Enrique Vila-Matas ha ganado el Premio Nacional de las Letras Españolas, que concede el Ministerio de Cultura por su dilatada trayectoria, con más de 30 libros publicados. Hasta ahora, y por anómalo que parezca, no tenía el Nacional, ni el Cervantes, ni el Princesa de Asturias.
La noticia le llegó esta mañana en su librería de cabecera, la +Bernat, donde conversaba con el escritor asturiano Alejandro Basteiro. “Tenía una llamada al móvil, me ha parecido que no era de fiar… Así que no la he cogido”, ha confesado. Era de la Dirección General del Libro. Su día ha cambiado por completo, y el de Basteiro también: “ya considera que él será el próximo”.
El jurado destaca su “cuestionamiento de la autoridad narrativa, sumado a una agudeza y un humor que raya en el laconismo y la ironía, lo sitúan como uno de nuestros escritores más subversivos”, y también su “influencia decisiva en la narrativa contemporánea” y “su aportación a la tradición borgiana”. Vila-Matas ha dicho que le ha hecho particular ilusión esta última referencia a Borges: “¿Han dicho eso?”. Ante la pregunta de si ya era hora, ha respondido: “No, no he pensado eso”, y ha añadido: “Me parece muy acertada la reflexión del jurado”. “Se agradece mucho que te digan cosas que están bien”, ha zanjado.
Su obra se considera “pura metaliteratura”, una etiqueta que él consiente sin estar del todo de acuerdo: “Mi obra no es una reflexión sobre la escritura. Es una reflexión en general. En el Quijote se habla de libros de caballería y de las novelas que se publican en el momento. Eso no es metaliteratura: ni la hace Ceravantes ni la hago yo. Son etiquetas que nos ponen. Más absurda es aún la etiqueta de ‘autoficción’. Lo que hay es únicamente literatura”.
Desde su ópera prima, Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), que publicó a los 25 años, hasta Canon de cámara oscura (Seix Barral), que salió el año pasado, el escritor mezcla constantemente literatura y vida. “Mi visión de la literatura es la del juego, es lúdica. Lo ha sido siempre. Escribir es divertirse, básicamente. La literatura está ahí para no aburrirme”. Para él, la literatura es un campo en el que puede pasar el balón al mismísimo Borges, a su querida Marguerite Duras (fue su casera en sus años de formación en París), Robert Musil o Franz Kafka.
Hace poco, leyendo los diarios de su amigo Juan Marsé, descubrió una entrada sobre él: “Marsé me acusaba de leer la realidad como si fuera fraudulenta. Tenía toda la razón: desconfío de lo que escribo, de la realidad, de todo”. Pero matiza: “Tengo una ética propia: soy irónico conmigo mismo, en el texto critico lo que he hecho”.
Ahora escribe un ensayo sobre “una experiencia que viví el año pasado muy intensa y terrorífica”. “Es lo que se llamaría un ensayo narrativo o también se puede decir narración estilística”.
Uno de los pocos españoles que suena para el Nobel año sí y año no recuerda su primer premio: tenía 10 años y iba a los maristas. “Estuve celebrándolo muchos días, sin saber que no se había presentado nadie más…”. Sobre su candidatura, cuenta que estuvo en Estocolmo, en la Academia donde se entrega el premio y en la comida de escritores que organiza el ayuntamiento: “Al salir por la noche pensé que lo había ganado”.