Saturday 10 October 2026
Estados Unidos amplía las sanciones contra el Tribunal Penal Internacional horas después del Nobel de la Paz a Navi Pillay
3 minutos de noticias · Internacional
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Ya son 17 las personas sancionadas por Washington por su relación con el TPI, y la nueva medida prohíbe las transacciones con el tribunal, con sede en La Haya, que la UE ha respaldado.
El Gobierno de Donald Trump ha anunciado nuevas sanciones contra el Tribunal Penal Internacional (TPI) unas cinco horas después de que el comité del Nobel de la Paz concediera el premio a la sudafricana Navi Pillay, ex jueza de ese organismo. El secretario de Estado, Marco Rubio, las justifica como respuesta a las actuaciones del tribunal y asegura que Trump «nunca permitirá que el Tribunal Penal Internacional procese a estadounidenses». Washington amenaza además con «desmontar» el organismo «ladrillo a ladrillo» si no «acaba con sus amenazas».
Hasta la fecha, Estados Unidos ha sancionado a 17 personas relacionadas con el TPI, según un comunicado del Departamento de Estado. El viernes decidieron ampliar el castigo para prohibir las transacciones de un tribunal «que actúa al margen de las normas, cortando sus recursos y paralizando su capacidad operativa».
El TPI respondió que «la historia juzgará este momento». Afirma que el castigo es «un ataque contra el Estado de derecho» y pide a sus miembros «medidas concretas» para que pueda seguir operando, porque «el tribunal no puede mantenerse solo». Advierte también de que «nadie debería ser castigado por servir a la causa de la justicia».
Se trata del enésimo ataque de Estados Unidos contra una institución a la que no pertenece, pero que cuenta con 125 socios, entre ellos España desde 2002, y con el respaldo de la Unión Europea. Desde Bruselas, la UE afirmó que está dispuesta a «adoptar todas las medidas necesarias» para que la Corte pueda investigar y juzgar crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Trump no ha reaccionado de forma directa al galardón de Pillay, pero sí ha compartido en Truth Social una publicación de un usuario que critica con dureza la decisión del comité noruego: «Pillay manifiesta un odio descarado hacia EEUU e Israel. Desde su cargo, ha elogiado a terroristas y ha recompensado a Hamas». El premio es uno que Trump persigue desde hace tiempo y que, según ha manifestado en multitud de ocasiones, considera que merece.
Las guerras de Trump
En su contra juega un récord bélico de consideración. Desde que volvió a la Casa Blanca prometiendo acabar con guerras, Trump ha ordenado abrir fuego en tres continentes. Según el informe del Proyecto de Datos sobre Localización y Eventos de Conflictos Armados (ACLED), Estados Unidos ha ejecutado en un año 573 ataques aéreos y con drones en siete países: Yemen, Somalia, Siria, Irán, Irak, Nigeria y Venezuela. Trump insiste en que nadie ha hecho más por la paz mundial que él, poniendo fin a entre 8 y 10 guerras, según el discurso y la ocasión.
Uno de sus principales aliados, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, se ha sumado a las críticas. Su oficina describe a Pillay como «una fanática que construyó su carrera inventando y propagando libelos de sangre contra el único Estado judío». Pillay presidió la comisión de investigación de la ONU que concluyó que Israel cometió un genocidio en Gaza.
Era una reacción previsible. Pillay colaboró con el TPI cuando el organismo pidió en 2024 órdenes de arresto contra Netanyahu y el entonces ministro de Defensa, Yoav Gallant, por crímenes de guerra y lesa humanidad en Gaza. Esa reacción señala: «Ahora los equivocados miembros del Comité del Nobel honran a la mujer que propagó esta demonización de los judíos y esta parodia de la justicia».
La sudafricana, de 85 años, es doctora en Derecho por la Universidad de Harvard y la primera mujer no blanca en el Tribunal Superior de Sudáfrica. Reaccionó con sorpresa al premio y bromeó con compartirlo con Trump: «Puede que lo haga», dijo con una sonrisa. Ya lo hizo María Corina Machado con el presidente estadounidense el año pasado, cuando le entregó en la Casa Blanca la medalla dorada que le habían otorgado en Oslo en diciembre de 2025. Trump la aceptó sin titubeos, asegurando que era un premio que «merecía» más que nadie.
Fundado en 2002 para juzgar genocidios, crímenes de guerra y de lesa humanidad, el TPI ha escrito su historia a trompicones. Su primera condena llegó en 2012, contra el congoleño Thomas Lubanga, por reclutar niños soldado. Antes, en 2009, se había atrevido por primera vez con un jefe de Estado en ejercicio, el sudanés Omar al Bashir, reclamado por las atrocidades de Darfur y nunca entregado.
Tampoco prosperaron las causas contra el keniano Uhuru Kenyatta ni contra el marfileño Laurent Gbagbo, absuelto en 2019, reveses que alimentaron la crítica de que el tribunal solo miraba a África. Esa crítica se diluyó en marzo de 2023, con la orden de arresto contra Vladímir Putin por la deportación de niños ucranianos, y saltó por los aires en noviembre de 2024, cuando los jueces emitieron órdenes de arresto contra Netanyahu y Gallant. Cuatro meses después, el filipino Rodrigo Duterte aterrizó detenido en La Haya por su guerra contra las drogas, el primer ex jefe de Estado asiático en manos de la corte.