Sunday 27 September 2026
Violencia de género y agresiones sexuales en los campamentos de mujeres inmigrantes en Ceuta
3 minutos de noticias · Sociedad
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Mujeres y menores inmigrantes que llegaron a Ceuta en la avalancha de finales de julio sufren agresiones sexuales y viven en condiciones críticas en campamentos improvisados. Los órganos judiciales han abierto 37 procedimientos por agresión sexual desde entonces, catorce de ellos con menores víctimas.
Dikra tiene 23 años y su hermana Aya 17. Ambas llegaron nadando desde Marruecos entre el 30 y el 31 de julio, cuando miles de inmigrantes cruzaron hacia Ceuta. Huyeron de la violencia de su casa: “Nuestro padre nos pegaba. Mi madre y dos hermanas más siguen allá. Nosotras decidimos marchar”. En Tetuán oyeron que se podía cruzar a España; corrió la voz en redes sociales.
Desde hace 59 días, Dikra y Aya duermen en una tienda improvisada con un matrimonio mayor y una niña pequeña. No son familia de sangre, pero comparten el espacio. “Aquí han intentado agredirme sexualmente”, dice Aya. La violencia sexual y la prostitución sobrevuelan el Trampolín, la playa donde se concentra la mayor parte de la avalancha, según reconocen otros inmigrantes y taxistas que circulan por la ciudad día y noche.
Agresiones documentadas
Desde la avalancha de julio, los órganos judicales de Ceuta han abierto 37 procedimientos por agresión sexual, de los cuales 14 afectan a chicas menores de edad. El viernes, la Policía Nacional detuvo a tres inmigrantes marroquíes en el Trampolín por haber retenido presuntamente y en contra de su voluntad a dos menores durante toda la noche del jueves.
La mayoría de las mujeres que llegaron han sido trasladadas a campamentos más seguros, pero las plazas son limitadas. Cientos se aglomeran a las puertas de asentamientos en tiendas de campaña esperando un hueco que nunca llega. Aisha, de Casablanca, espera desde hace meses: “Cada lunes me dicen que ya me va a tocar y nunca pasa”. Otras se esconden en casas de la barriada del Príncipe, donde organizaciones sociales advierten de posible trata de mujeres.
Condiciones de vida críticas
Samira, 32 años, llegó con su hija de cinco sin querer separarse en un centro de menores. Ahora viven en las Naves del Tarajal, un polígono que alberga a cientos de personas, donde “el olor es insoportable y las moscas te rodean”. El agua y la comida llegan con dificultades. Su hija juega con un patinete que encontró entre los escombros.
En otro asentamiento cerca de Loma Colmenar, dos mujeres jóvenes rondan la veintena. Una tiene 17 años, llegó sola nadando. Su padre se quedó en Marruecos con su hermana casada; su madre murió en 2023. Intenta mantenerse al día en los procesos de filiación, sabiendo que debe entrar en el sistema. “Pero aquí no viene nadie a preguntar”, dice al lado de sus compañeras.
Rechazo a regresar
A diferencia de lo que sostiene el Gobierno en privado, la inmensa mayoría de los inmigrantes no quiere regresar a Marruecos. “No, no. Marruecos no. España”, repiten. Saben que los menores cuentan con especial protección en España y se agarran a esa esperanza de terminar en la Península, sin importar el frío, el hambre, la lluvia, las peleas o las heridas.
El Gobierno es incapaz de cuantificar a los inmigrantes ilegales que llegaron a Ceuta y que siguen en la ciudad. Un recorrido basta para ver que hay miles en las calles. La pregunta que salta a la vista en el Trampolín, el símbolo de esta crisis, es siempre la misma: “¿Dónde están las mujeres aquí?” La respuesta es inquietante: dispersas entre tiendas improvisadas, campamentos saturados, casas donde nadie supervisa, y en muchos casos, en riesgo permanente.