Saltar al contenido
English

Miércoles, 4 de noviembre de 2026

Cristina Fernández Cubas gana el Premio Cervantes 2026, dotado con 125.000 euros, por su obra en el relato breve

3 minutos de noticias · Cultura

El jurado premia una obra que ha revalorizado el relato breve como forma autónoma de expresión. Fernández Cubas, que sucede a Gonzalo Celorio, anunció que el Premio Cervantes es «un premio a todos los cuentistas».

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) ha ganado el Premio Cervantes 2026, el galardón más prestigioso de las letras en español, que concede el Ministerio de Cultura. El jurado, reunido este martes, ha destacado de la autora catalana una «sólida» obra que «ha contribuido decisivamente a revalorizar el relato breve, reivindicándolo como una forma de expresión autónoma capaz de alcanzar la máxima intensidad estética». El premio está dotado con 125.000 euros.

«Soy una escritora fundamentalmente de cuentos y, de alguna manera, es un premio a todos los cuentistas», dijo a ABC pocos minutos después de recibir el galardón. «Me he dedicado al cuento con una insistencia rayana en la tozudez».

Narradora, cuentista y memorialista, considerada una de las grandes renovadoras del relato fantástico en español, sucede en el palmarés al mexicano Gonzalo Celorio, tras una trayectoria consagrada a explorar las fronteras entre lo cotidiano y lo inquietante.

El encargado de anunciar el premio, como es habitual, fue el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. «A través de una precisión narrativa impecable, el dominio absoluto del punto de vista y la administración de los silencios, sus historias se convierten en experiencias que interpelan directamente al lector y desestabilizan sus intereses», destacó. «Lejos de ofrecer explicaciones tranquilizadoras, sus relatos reservan la ambigüedad y hacen de la imaginación una herramienta de exploración de la experiencia».

La autora de Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal o La habitación de Nona, Premio Nacional de las Letras (2023) y de Narrativa (2016), culmina con el Cervantes una trayectoria dedicada sobre todo al cuento, en la estela de gigantes como Henry James o Edgar Allan Poe. «Poe fue de los primeros autores que me fascinó, sus cuentos tienen una fuerza poderosísima», dijo en una entrevista con ABC.

El jurado destacó «la independencia, la irreverencia y el inconformismo de una escritura siempre compleja y exigente, que se manifiesta en personajes que desafían las convenciones y los valores establecidos». Según el fallo, Fernández Cubas ha abierto «caminos a nuevas generaciones de narradores, manteniendo un diálogo constante con las obras latinoamericanas de la literatura de la extrañeza».

De «voz inconfundible y con una libertad creadora fundamental», Fernández Cubas es una escritora lenta. «Escribir es algo que me fascina, pero no quisiera convertirme en una funcionaria de la escritura», dijo en una entrevista a ABC. Su primer libro de cuentos, Mi hermana Elba, apareció en 1980. Siguieron, también en este género, Los altillos de Brumal (1983), El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994), Parientes pobres del diablo (2006) y La habitación de Nona (2015). Lo que no se ve (2025) llegó tras una década sin publicar ficción narrativa, premios nacionales mediante.

«Siempre he tenido mis espacios, mis tiempos, mis ritmos. Esta vez me he pasado un poco, quizás, pero es que ni me he dado cuenta. Lo de atenerse a plazos no va conmigo», decía. «Por la noche estoy cansada y lo que quiero es cenar, dormir y ya está: es la edad».

Fernández Cubas eligió el cuento cuando casi nadie apostaba por él. Cuando empezó a publicarlos, lo que se esperaba de ella era una novela, y con el tiempo lo hizo: El año de Gracia (1985), El columpio (1995) y La puerta entreabierta (2013). Aun así, siempre ha preferido el «misterio» del cuento. «Además: mis novelas tienen algo del cuento, del ambiente onírico de los cuentos».

La autora se explica por sus lecturas tempranas: los hermanos Grimm, Andersen… «Los mal llamados cuentos infantiles son de una crueldad tremenda», dijo tras ganar el Nacional de las Letras. Ahí estaban las hermanastras de Cenicienta cortándose los pies para que les entrara el zapato. «Y sí, me gustaban, aunque cuando yo escribo siempre pienso en un lector adulto».

Su fascinación por lo raro y lo misterioso le viene de la infancia, de las noches largas frente al mar en la casa de pueblo donde vivía con su familia. «Mi niñera siempre nos contaba historias. Eran historias truculentas y yo en la cama las seguía, porque ella siempre las interrumpía cual Sherezade en el momento más interesante». Su primer contacto con Allan Poe se lo debe a su hermano mayor. Prefería las brujas a las hadas, «demasiado perfectas».

La autora reunió en 2008 su obra breve en Todos los cuentos, que obtuvo el Ciutat de Barcelona, el Salambó y el Cálamo al libro del año. Antes, Parientes pobres del diablo le había valido el Setenil al mejor libro de relatos. Con La habitación de Nona ganó el premio de la Crítica, el Dulce Chacón y el Nacional de Narrativa. En 2023, el Premio Nacional de las Letras Españolas la consagró como una de las mejores cuentistas en español por «el dominio fascinante del empleo de la concisión para narrar historias», según el jurado.

Estudió Derecho y Periodismo en Barcelona, y ejerció el periodismo, aunque poco tiempo: «No estaba hecha para las fechas de entrega: conmigo un periódico iría muy lento». Del Derecho dice que le vino bien para ordenar su «caos».

Su obra no se agota en el cuento. La novela El año de Gracia inspiró una ópera al compositor Albert Sardá y también se ha adentrado en el teatro (Hermanas de sangre, 1998), la literatura infantil (De mayor quiero ser bruja, 2014), un ensayo sobre Emilia Pardo Bazán (2001) y las memorias de Cosas que ya no existen (2001).