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Jueves, 24 de septiembre de 2026

Delcy Rodríguez agradece a Trump ante la ONU pero promete elecciones en Venezuela sin dar fechas

3 minutos de noticias · Internacional

Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, agradece a Donald Trump ante la ONU tras un giro radical respecto a sus críticas anteriores. Promete elecciones y diálogo con la oposición, pero sin fijar fechas, mientras se presenta como figura de transición. Su intervención ignora a Nicolás Maduro, preso, y los 7 millones de emigrados en casi dos décadas.

Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, compareció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas con un mensaje de cambio radical respecto a sus intervenciones anteriores. Hace siete años, en 2019, atacaba frontalmente a Donald Trump en la misma tribuna, denunciando el “terrorismo de estado” de EEUU, calificando al Tesoro como “Pentágono Económico” y saludando como representante de Nicolás Maduro. Ahora ha hecho un giro de 180 grados.

Agradecimiento explícito a Trump. En su discurso ante una Asamblea medio vacía, Rodríguez ha dado las gracias personalmente a Donald Trump por su “disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela”. Ha hablado de “magníficas relaciones con EEUU” e ignorado al que fue su jefe, Nicolás Maduro, actualmente preso en una cárcel federal. Ha prometido “diálogo de las diferencias” y cooperación en “relacionamiento energético, promoción de la seguridad, lucha contra el crimen transnacional y cooperación económica de ambos pueblos”.

Promesa de elecciones sin fecha. El anuncio más esperado fue sobre elecciones: “En Venezuela habrá elecciones. Hemos iniciado diálogo político con sectores de la oposición que conduzca a un proceso en igualdad de condiciones”. Pero no fijó fechas. “El pueblo venezolano con su sabiduría ancestral determinará el momento correcto”, afirmó. Propone una “convención nacional” en la que “el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia” y “decretará sus leyes fundamentales”, pero nuevamente sin concreción temporal. Ha matizado que “la democracia no se mide por la existencia de elecciones, sino por la calidad de la competencia que preceden esas elecciones”, añadiendo que una elección debe ser “una solución, no un generador de conflictos”.

El cinismo del retorno. La ironía es extraordinaria: Rodríguez fue una de las responsables del robo de los últimos comicios en Venezuela. Ahora se presenta como “figura de consenso y transición, capaz de sanar el alma rota de una nación”. Ha pedido a EEUU, de forma sutil, que no haya “intromisiones” en el proceso.

El telón de fondo: 7 millones de emigrados. Rodríguez pidió a los jóvenes que han emigrado: “Vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar, y no solamente aquel del que muchos quisieron huir”. Hablaba así como si la salida de 7 millones de personas fuera un fenómeno natural y no consecuencia de la represión, inseguridad y destrozo económico tras casi dos décadas de chavismo. Rodríguez resumió el objetivo de su gestión: “Venezuela definitivamente debe abandonar el camino que permitió que el extremismo y la intolerancia se impusieran sobre la convivencia democrática y pacífica”.