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Jueves, 29 de octubre de 2026

Dos trenes chocan en Urda y dejan al menos 68 muertos, nueve meses después de Adamuz

3 minutos de noticias · Sucesos

Un fallo del sistema de seguridad LZB detuvo a seis trenes; después, el centro de control de Adif autorizó al AVE a seguir la marcha y acabó alcanzando al Iryo que estaba parado. El ministro Óscar Puente atribuye el accidente a un error humano.

Este miércoles, la colisión de dos trenes en Urda ha dejado al menos 68 fallecidos, una tragedia de enorme magnitud con solo nueve meses de diferencia respecto al accidente ferroviario de Adamuz, ocurrido el 18 de enero de este año. Pasajeros, técnicos y maquinistas habían alzado la voz: la red española necesitaba una actualización. Una llamada de auxilio que nadie escuchó.

El tren Iryo 6076 salió a las 7:54 horas de la estación de Madrid-Puerta de Atocha con destino a Sevilla, con 147 pasajeros y 5 miembros de la tripulación a bordo. Poco después, a las ocho de la mañana, salió de la misma estación el AVE 2080 de Renfe, con el mismo recorrido y 378 viajeros.

Media hora después se registró un fallo informático en el sistema de seguridad automática LZB. Al interrumpirse las comunicaciones en un tramo de 63 kilómetros, el protocolo de seguridad detuvo automáticamente a seis trenes que circulaban por la zona, entre ellos el Iryo y el AVE. El control de las operaciones pasó a gestionarse de forma manual desde el centro de control de Adif.

Ante la caída del sistema automático, el centro de control de Adif decidió autorizar al AVE a reanudar la marcha con normalidad a las 8:36 horas. El Iryo que iba por delante seguía completamente detenido en la vía, a la altura de Urda, y su maquinista esperaba instrucciones desde Atocha. A 25 kilómetros de ese punto, el AVE retomó su ruta a la velocidad habitual. El conductor circulaba con absoluta normalidad por la orden de uno de los operadores del centro de control. Fueron 17 minutos sin aviso en los que nadie detuvo su recorrido.

El alcance entre ambos trenes se produjo en torno a las 8:53 horas, en el punto kilométrico 118, en el término municipal de Los Yébenes, muy cerca de Urda. El brutal impacto hizo que tres vagones del Iryo cayeran por un terraplén, y la violencia del golpe provocó que uno de los convoyes acabara dentro de otro.

La escena

El panorama era desolador. Muchos afectados, todavía en estado de shock, esperaban junto al camino de las vías a ser recogidos. Algunos caminaban despacio, con dificultades y visiblemente doloridos; otros necesitaban detenerse y sentarse para recuperar fuerzas. Había heridos con molestias en las piernas y la espalda, y personas que, tras recorrer unos metros, tenían que apoyarse en las furgonetas estacionadas en la zona o sentarse porque empezaban a marearse. Otros permanecían sentados, con la mirada perdida.

Hay personas con collarines, vendas y heridas en la nariz, y otras con sangre en la cabeza o en la ropa. En el suelo se amontonan maletas, medicamentos y pertenencias personales. A pocos metros, uno de los vagones ha descarrilado y ha terminado desplazado hasta el camino contiguo a las vías.

Agentes de la Guardia Civil tomaban la documentación de los afectados antes de organizar su traslado, en vehículos de voluntarios y de las fuerzas de seguridad, hacia Consuegra y Urda. Vecinos y voluntarios repartían agua entre los heridos. Muchos esperaban su evacuación sin poder comunicarse con sus familias, y algunos pedían un teléfono prestado para avisar de que estaban a salvo.

La actividad de los servicios de emergencia era constante: no dejaban de llegar vehículos de Policía Nacional y Local, de la Guardia Civil, bomberos, ambulancias y efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Los helicópteros sobrevolaban la zona, y familiares llegaban para localizar a sus seres queridos y conocer su estado. Algunos tractores abrieron un camino alternativo para sacar a los heridos, y agentes llegados de distintos puntos de Castilla-La Mancha e incluso de Madrid colaboraban en la asistencia. Los periodistas, de toda España y también internacionales, recorrían el lugar en busca de testimonios.

Con el paso de las horas, los heridos fueron evacuados y el grupo de personas junto al camino se redujo. Donde antes se oyeron gritos y se evacuó a centenares de personas, la primera sensación de caos dio paso a una escena más ordenada, aunque la estupefacción seguía en los rostros de heridos, agentes y voluntarios.

Primeros féretros y reacciones

Hacia las tres de la tarde salieron los primeros vehículos funerarios con cadáveres hacia el Instituto de Medicina Legal de Toledo. A esa hora llegaron a la zona el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, junto a otras autoridades.

Mientras esperaban noticias de sus familiares en el colegio de Urda y en el polideportivo que centralizó los primeros auxilios, los afectados veían en televisión las explicaciones del ministro de Transportes, Óscar Puente. Puente sostuvo que una «decisión inexplicable» del centro de control es «el origen del accidente que ha acaecido en Urda». Insistió en el «error humano» como causa del siniestro: según sus explicaciones, la avería informática no fue por sí sola el desencadenante directo de la colisión. El sistema actuó como estaba previsto al detener los trenes, pero la decisión posterior de permitir que uno de ellos continuara circulando con normalidad se tomó desde el centro de control. «La caída del sistema, como todos los sistemas que dependen de ordenadores y de informática, puede producirse», señaló.

El trabajador que dio la instrucción estaba en «shock», según fuentes de la investigación a ABC. La Guardia Civil tomó testimonio por separado al operario señalado y a dos de sus compañeros, para que cada testimonio no estuviera contaminado por el resto, en una sala a escasos metros de donde hablaba Puente. Siguieron el protocolo habitual y se realizaron controles de alcohol y drogas: todos dieron negativo.

El Ministerio del Interior desplegó un importante dispositivo: 422 efectivos del Instituto Armado, 200 militares de la UME, 53 policías y 102 efectivos de Protección Civil. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil colabora con la Policía Judicial de Toledo para tomar testimonio a los supervivientes y a los heridos leves. Además, el Equipo de Catástrofes de la Guardia Civil, ubicado en varios puntos, recogió ADN de los familiares de los desaparecidos.

Los usuarios del Iryo reconocieron que estuvieron al menos diez minutos parados y que después sintieron un impacto violento en la parte trasera. «Todo salió despedido por los aires», admitió uno de los afectados. Muchos fueron los primeros en intervenir y sacaron del amasijo de hierros a los heridos.

Adamuz, otra vez

Una cadena de actuación que ya se vivió hace nueve meses en Adamuz, en tierras cordobesas, sirvió de protocolo para esta nueva desgracia. Varios agentes del Equipo de Catástrofes habían hecho ya esta tarea en el anterior siniestro. Los afectados por el accidente de enero, que se saldó con 46 víctimas mortales, señalaron: «Esta nueva tragedia desgarra unas heridas que todavía permanecen abiertas».

Aún no hay una explicación concreta de qué pasó. Sin embargo, los afectados tienen claro que estos meses no han servido para nada: «No se han implantado nuevas medidas de seguridad», lamenta a ABC uno de ellos. Uno de los afectados no ha querido encender la televisión este miércoles y no se ha vuelto a subir a un tren desde enero.