Martes, 13 de octubre de 2026
Felipe VI y Letizia visitan Ceuta y Melilla 19 años después de la visita de Juan Carlos I, en plena tensión con Marruecos
3 minutos de noticias · Política
Felipe VI y Letizia llegan hoy a Ceuta y mañana a Melilla, en la primera visita de un jefe del Estado desde la de Juan Carlos I en 2007, mientras Mohamed VI advierte de que la asociación con España no puede estar sujeta a presiones.
Las existencias de tela con los colores de la bandera de España llegaron a agotarse en distintos establecimientos de Ceuta y Melilla a principios de noviembre de 2007, tras anunciarse que Juan Carlos I, hoy Rey Emérito, y Doña Sofía iban a visitar las dos ciudades autónomas. Las clases se suspendieron y la jornada laboral de funcionarios y comerciantes se acortó. Todo para que casi un tercio de la población de estas localidades saliera a la calle, rojigualda en mano, a recibir a los monarcas con proclamas de “¡Es-pa-ña!, ¡Es-pa-ña!” y “Oé, oé, oé”.
“Yo creo que no se ha visto nunca una visita de sus majestades los Reyes a una ciudad donde hayan sido recibidos por tantos y tantos ciudadanos”, rememora Miguel Marín, entonces y ahora consejero del Gobierno de Melilla. “Quiero […] expresaros el firme respaldo y el permanente aliento de la Corona”, respondió Juan Carlos I en esta ciudad el 6 de noviembre, con un mensaje similar al que había dirigido el día anterior a los ceutíes. Ese discurso y esas calles teñidas de rojo y amarillo, gobernadas hoy por Juan Jesús Vivas en Ceuta y Juan José Imbroda en Melilla, son el único precedente en democracia de lo que sucederá hoy: la visita de Felipe VI a las dos ciudades.
Aquella visita es, pues, la única imagen a la que puede remitirse el Rey para intuir cómo discurrirá su viaje. Pero el precedente permite también anticipar la repercusión política que puede desencadenar este gesto: el del jefe del Estado pisando las dos ciudades españolas cuya soberanía Marruecos cuestiona.
“Durante la preparación de la visita, en esos días previos, incluso en el mismo día, nosotros no teníamos ningún temor a posibles represalias ni nada parecido”, sostiene el consejero Marín. En cualquier caso, no correspondía a su Gobierno ni a los ceutíes anticipar eso. Era el Ministerio de Exteriores español el que analizaba las posibles reacciones marroquíes.
La visita de 2007 constó de dos partes; un año antes había estado en Ceuta y Melilla el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Desde que se supo que se quería realizar, el ministerio empezó a prepararla. “Lógicamente, hablando con los marroquíes”, cuenta el entonces secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León. “El principio fundamental para nosotros en la relación con Marruecos era tener la máxima comunicación y, sobre todo, intentar no dar sorpresas”, explica, porque “en diplomacia, cuando te anticipas, siempre puedes gestionar mejor las situaciones complicadas”. Bajo esa premisa, el entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se reunió en Marrakech con su homólogo poco antes del anuncio, apenas unas horas después de que Felipe y Letizia, entonces Príncipes, cenaran allí con los herederos del reino alauí.
La crisis diplomática, en efecto, sucedió. Rabat, al día siguiente del anuncio, expresó su “rechazo y su absoluta reprobación a esa iniciativa lamentable, sean cuales sean las motivaciones y los objetivos de la visita”. Dirigentes del país vecino la tacharon de “provocación” y, a escasas horas de que Juan Carlos I y Doña Sofía llegaran a Ceuta, Marruecos escaló el choque al llamar a consultas a su embajador en España. Ahora, 19 años después, el reino alauí parece medir más su reacción. El silencio que siguió al anuncio de la visita de Felipe VI y Letizia solo lo rompió el pasado viernes el rey Mohamed VI, para advertir de que su asociación con España “no puede estar sujeta a presiones, amenazas ni chantajes”.
La visita de Juan Carlos I también generó revuelo en la frontera. La prensa del momento relata que se fletaron autobuses desde las localidades marroquíes más cercanas a Ceuta, y que cientos de personas los cogieron y se congregaron para protestar. Por Internet, entonces naciente, circuló un llamamiento al boicot a productos españoles. Sin embargo, ambos gestos fueron minoritarios y el choque no pasó del desencuentro que Rabat escenificó con la llamada a consultas del embajador. “Lo que intentamos es, la diplomacia de los dos países, mantener [las medidas de protesta marroquí] en esa burbuja diplomática, que no invadiera el conjunto de la relación”, explica León, que señala que nunca temieron que la respuesta llegara por la vía de la inmigración. Días después de la visita, Rabat ya entonó un discurso más conciliador.
Para el consejero Marín, el paso de Juan Carlos I por Melilla fue un “punto de inflexión”: “Lo que hace es reforzar aún más algo que es indudable como es nuestra españolidad”. La visita de Felipe VI, confía, será “otra inyección de ánimo” para los ciudadanos. El gesto es el mismo, aunque la coyuntura sea otra. Los Reyes llegan a las dos ciudades en un viaje acelerado tras la entrada masiva a Ceuta de finales de julio, que Pedro Sánchez calificó de “ataque” y “violación de la integridad territorial de España”.
La situación en la ciudad sigue “compleja” y sin resolver, lo que dota de mayor significado la estancia de Felipe VI. Tampoco fue baladí el momento que eligió su padre: las fechas coincidían con el 32º aniversario de la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental. Ahora, 19 años después, la Corona viaja a Ceuta y Melilla cuando el Gobierno ya ha asumido la tesis marroquí sobre la soberanía de este antiguo territorio español.