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Sábado, 24 de octubre de 2026

Julian Barnes recibe el Premio de las Letras en una semana de gala en Oviedo

3 minutos de noticias · Cultura

Timothy Garton Ash advierte de que todo lo conseguido desde 1945 está hoy amenazado, en una semana en la que también brillan la astronauta Christina Koch y la cantante Patti Smith.

Oviedo vive estos días su particular centro del mundo. Julian Barnes cató chorizo asturiano en el Fontán después de hablar sobre ‘La Regenta’, y la astronauta Christina Koch hizo surf en Cadavedo y elogió sus olas: «Son perfectas». En el tradicional almuerzo de los premiados, en el Hotel Reconquista, las grandes mentes hacen cola para que les sirvan un plato de fabada. Este año alguien quemó el arroz con leche con sal en vez de con azúcar, aunque no todos lo sufrieron: «A mí me supo a arroz con nata, la verdad». A María Pagés la confundieron con Patti Smith, por motivos de peluquería, y la recibieron con los brazos abiertos: «you are the best».

En los corros se habló más de esto que de las elecciones, del futuro de Occidente o de la inteligencia artificial general. Messi no estuvo en la comida ni habló en la gala, pero no le hizo falta: en uno de sus actos le tocó la mano a un hombre, o se la rozó, y este casi se desmaya. «Es como si fuera el Papa», soltó una mujer. Otro se tatuó su autógrafo en el brazo. Dicen que duerme cuatro horas de siesta.

Kenichi Yoda, presidente del Studio Ghibli, llegó con sus Totoros al Teatro Campoamor tras pasearlos por la ciudad, aunque en la cena del jueves descubrió que aquí hay más furor por ‘Heidi’ y por ‘Marco’: en el restaurante cantaron sus canciones a coro. En la orilla del Reconquista, la gente coreaba el nombre de Messi, no el de Shankar Balasubramanian. En la plaza de la Escandalera, frente al Campoamor, había acampada por la vivienda: «La vivienda ye un derechu». Como siempre, sonaron muy alto las gaitas.

La gala y el discurso de Barnes

El premio de las Letras no fue para los cartelistas, sino para Julian Barnes, que habló el primero. Invocó una verdad antigua: en las artes no existe el progreso, sino la tradición, o sea, la conversación. Citó a Renoir: «Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo ya está dicho». Siguió con Voltaire y Flaubert, aunque se detuvo más en ‘El Quijote’. Fue breve, y todo lo dijo para llegar a esta imagen: «Ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos: imagino que Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare…»

Ana I. Fernández, presidenta de la fundación, citó a Meryl Streep: «En el Campoamor se escucha el eco de las voces de muchos de nuestros héroes del siglo XX y de este joven siglo nuestro». Timothy Garton Ash, que pasó la semana en silencio por una faringitis, tomó toda la voz que le quedaba para decirle a la Princesa que el progreso ya no existe: «Todo lo conseguido desde 1945 se encuentra hoy amenazado en su propia existencia». Recordó a Doña Leonor que la primera princesa con su título fue Catalina de Lancaster, por lo que el Brexit no tenía sentido. Después de pintar un panorama para irse a Marte con Christina Koch, dijo que había que tomar ejemplo del tiquitaca para salvar Europa: «Seríamos imbatibles». La Princesa habló de María Zambrano y de la esperanza, y le dijo que era el británico más europeo.

Christina Koch, que desde 2019 ha dado cinco mil vueltas a la Tierra en la misión Artemis II, cuenta que esa experiencia tiene nombre, ‘overview effect’: dejas de creer en fronteras, en divisiones políticas, religiosas o étnicas, y solo ves un todo. Por eso quiso que «el mundo entero acepte conmigo este premio. Por haber acogido esta misión en sus corazones y haber permitido que los uniese. Por creer que todos los seres humanos compartimos la misma esencia: la necesidad de sentir amor».

Patti Smith, que llegó feliz y grabando el día con su móvil, también se puso ecuménica: «Confío en que los demás galardonados me permitan hablar en su nombre, pues siento que estamos unidos». Luego cantó, siguiendo la tradición de Serrat.

En fin: si Oviedo es el centro del mundo, entonces el mundo no está tan mal.