Lunes, 21 de septiembre de 2026
Los extremos arrebatan Berlín a la CDU: AfD gana en Mecklemburgo y Die Linke en la capital
3 minutos de noticias · Internacional
La ultraderechista AfD gana en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Die Linke, la izquierda poscomunista, se convierte por primera vez en primera fuerza en Berlín, arrebatando ambos territorios al centro político. La CDU cae al 5% en Mecklemburgo-Pomerania, riesgo histórico, mientras el canciller Merz mantiene su responsabilidad política.
Las elecciones regionales alemanas de este domingo confirmaron una erosión histórica del centro político, con los extremos ganando en los dos estados en liza. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se impuso en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38% de los votos, frente al 36,5% del SPD bajo la ministra presidenta Manuela Schwesig. En Berlín, Die Linke, la izquierda poscomunista, se convirtió en primera fuerza con el 26%, ganando por primera vez desde la reunificación y aventajando por 6 puntos a la CDU, que cayó al 20%.
El derrumbe de la CDU en Mecklemburgo-Pomerania Occidental tiene dimensiones históricas. Hace cinco años la CDU obtuvo el 13,3%, ahora cae al 5% exacto, en el filo del umbral necesario para entrar en el parlamento regional. De confirmarse por debajo del 5%, sería la primera vez en la historia de la República Federal que la CDU queda fuera de un parlamento regional. La AfD, que hace cinco años era el 16,7%, más que duplica su porcentaje y aparece por primera vez como la fuerza más votada. El SPD, ganador entonces con el 39,6%, retrocede poco más de tres puntos pero conserva buena parte de su implantación.
En Berlín, Die Linke experimenta un ascenso extraordinario desde el 12,2% de hace tres años hasta el 26% actual. La CDU, que entonces ganaba holgadamente con el 28,2%, retrocede al 20%. Los Verdes obtienen el 15,5%, la AfD el 13,5%, el SPD cae al 12% y el BSW queda exactamente en el 5%.
Die Linke llega a las negociaciones de coalición desde una posición nunca ocupada en el Berlín reunificado: como primera fuerza con la iniciativa para formar gobierno, aunque ganar elecciones no equivalga automáticamente a gobernar. Su ascenso se construyó sobre temas de vida cotidiana de la capital: vivienda, alquileres, coste de la vida, funcionamiento de la administración, transporte y deterioro urbano.
Elif Eralp y Die Linke recuperaron una vieja demanda de socializar las viviendas de los grandes consorcios inmobiliarios, respaldada por el 57,6% de votantes en el referéndum de 2021, aunque nunca fue aplicada. Alrededor del 85% de la población berlinesa vive de alquiler, lo que convirtió la crisis de vivienda en la principal preocupación electoral. Pese a la controversia sobre el coste y encaje jurídico de la propuesta, Die Linke consiguió convertir la dificultad para encontrar vivienda, los alquileres disparados y la sensación de deterioro urbano en una oferta política reconocible.
La CDU berlinesa sufrió un descalabro adicional tras una campaña improvisada. Kai Wegner renunció como candidato, dejando a Stefan Evers apenas semanas para reconstruir la campaña. El SPD tampoco encontró tracción con Steffen Krach, quien regresó de Hannover mientras una investigación por presuntas irregularidades de su etapa anterior irrumpía en la recta final, dificultando su campaña.
La noche electoral reflejó una doble erosión: AfD y Die Linke como vencedoras, CDU y SPD en retirada. Para Friedrich Merz, canciller y presidente de la CDU, la cuestión inmediata no es solo quién gobernará en los dos estados, sino cuánto daño político puede acumular su dirección federal tras una sucesión de elecciones regionales en las que la CDU pierde terreno de forma consistente.
Merz calificó de “desastre” el resultado de la CDU, atribuyendo el derrumbe en Mecklemburgo-Pomerania a una campaña polarizada entre SPD y AfD que “trituraron” a su partido. Aunque reconoció que los candidatos corrieron “sin viento de cola desde Berlín” —admitiendo así el peso de la debilidad federal—, rechazó limitar la explicación a los dos estados.
Alemania, según Merz, atraviesa un momento de transformación económica profunda, con un Estado “demasiado complicado”, una sociedad cada vez más dividida y confianza decreciente en instituciones. A su juicio, los partidos radicales de izquierda y derecha erosionan esa confianza. Presentó sus reformas económicas y sociales como respuesta política al avance de los extremos y como instrumento contra “el veneno autoritario”, cerrando con una declaración que despeja dudas sobre su intención de seguir al frente de la CDU y la Cancillería.