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Jueves, 8 de octubre de 2026

Netiv Haasara llora a sus víctimas tres años después del 7 de octubre mientras la guerra sigue sonando en Gaza

3 minutos de noticias · Internacional

Según la UNRWA, 1.394 palestinos han muerto desde el alto el fuego, mientras el desarme de Hamas sigue bloqueado y Israel vota el 27 de octubre.

En Netiv Haasara, el luto se mezcla con la distopía. A primera hora del 7 de octubre de 2023, tres milicianos de Hamas sobrevolaron en parapente motorizado el muro fronterizo de Gaza y aterrizaron en esta comunidad israelí, a medio kilómetro del enclave. Mataron a 20 vecinos, pese a que el ejército llegó en apenas un cuarto de hora.

Tres años después, esta comunidad de 800 personas amanece tranquila. Algunos vecinos pasan la mañana en sus jardines de césped artificial, mientras unos obreros rematan la futura piscina municipal.

Pero hay detalles que rompen la armonía. Cada pocos metros, un refugio de hormigón pintado de colores recuerda que, durante 20 años, los misiles de Gaza tardaban solo 15 segundos en aterrizar. Dentro de uno de ellos, nueve agujeros de bala y un altar recuerdan a una de las 1.200 víctimas del ataque de Hamas. “Abuela, te echaremos de menos”, reza una pintada junto a su fotografía.

El mirador Nir Peres, a dos minutos a pie de la plaza central, muestra la destrucción: tras una barrera de hormigón se extiende la masa gris de escombros que fue el norte de la franja. Un poste señala “Ciudad de Gaza. 3,4 km”. Allí se vive otro luto inaccesible para la prensa internacional, a la que el Gobierno israelí tiene prohibido el acceso desde el inicio de la ofensiva.

El alto el fuego, anunciado a bombo y platillo por Donald Trump, entró en vigor hace prácticamente un año, pero el sonido de la guerra no ha abandonado Gaza. En el aniversario del 7 de octubre, varias explosiones levantaron columnas de humo junto a la frontera.

El eco de los impactos se oye desde la comunidad, junto al zumbido de los drones que patrullan sobre las ruinas. “Es un día emocionalmente cargado”, asegura a La Vanguardia Hila Fenlon, superviviente del 7 de octubre y una de las responsables de seguridad del moshav (comunidad agrícola israelí). Regresó a su casa solo unos meses después de los ataques; muchos vecinos tardaron casi dos años.

“No me hace feliz ver lo que ha pasado en Gaza”, reconoce. Según Fenlon, “ellos (los gazatíes) escogieron a Hamas en las elecciones, un grupo que nunca les prometió paz y seguridad, sino la conquista de todo Israel”. Acostumbrada a ver los bombardeos desde la ventana, admite que se siente más segura desde el inicio de la invasión de la franja, que ha dejado más de 70.000 muertos según el Ministerio de Sanidad de Gaza y ha destruido la mayor parte del enclave. “Durante años teníamos que huir de los misiles de Hamas. En tres años no hemos tenido ni un solo proyectil”.

Al otro lado del muro, la paz de Trump sigue a medio construir. El alto el fuego del 10 de octubre de 2025 abrió paso a un plan de veinte puntos que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó en noviembre. Su pieza central es la Junta de Paz, presidida por Trump, con Tony Blair, Jared Kushner y Steve Witkoff en su ejecutiva, y el exdiplomático búlgaro Nikolai Mladenov como alto representante.

La Junta debía supervisar un gobierno tecnocrático palestino y el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización. Un año después, el comité palestino que preside Ali Shaath sigue en El Cairo, sin poder entrar en la franja. Indonesia, Marruecos o Kazajistán han comprometido tropas, pero la fuerza aún no se ha desplegado.

El desarme de Hamas es el gran escollo. A finales de julio, la Junta anunció que la milicia aceptaba una hoja de ruta para entregar su armamento pesado a un comité palestino, bajo verificación internacional, a cambio de una retirada gradual del ejército israelí. Netanyahu la rechazó días después: Israel exige el desarme total antes de retirarse, y Hamas no dará ningún paso sin retirada. Mientras tanto, las tropas israelíes controlan cerca de dos tercios de la franja, más allá de la línea amarilla que fijó la tregua.

Para los gazatíes, la tregua no ha traído la reconstrucción. Según la UNRWA, que cita al Ministerio de Sanidad gazatí, 1.394 palestinos han muerto desde el alto el fuego, y el total desde 2023 roza los 74.000. El 94% de la población necesita refugio y ayuda básica, y 1,2 millones de personas sufren hambre aguda.

En septiembre, un edificio se derrumbó en la ciudad de Gaza y mató al menos a veinte vecinos. Ese mes, la Junta presentó un plan de 2.450 millones de dólares para reconstruir, una fracción de los 71.400 millones que calculan la ONU y la Unión Europea.

En Netiv Haasara, la mirada está puesta también en las urnas. Israel celebra el 27 de octubre sus primeras elecciones desde el ataque, y la responsabilidad por el 7 de octubre es uno de los ejes de la campaña. Netanyahu se niega a crear una comisión estatal de investigación, que la oposición promete si gobierna. Varios medios han revelado que Emiratos y Egipto advirtieron al primer ministro de un gran ataque días antes. “Quiero una comisión que investigue y eche al gobierno de Netanyahu, que permitió que esta matanza sucediera”, declara Fenlon.

A las afueras del pueblo, junto al paso de Erez, antigua entrada de los trabajadores palestinos, el presidente israelí, Isaac Herzog, preside una ceremonia para llorar a las víctimas. Un gran mural con la palabra “paz” en inglés, árabe y hebreo corona la encrucijada. El 7 de octubre prendió la mecha en todo Oriente Medio y en Israel, donde la paz se ha convertido en tan solo un recuerdo.