Domingo, 13 de septiembre de 2026
Noventa muertos sin identificación enterrados en el cementerio musulmán de Ceuta tras la invasión
3 minutos de noticias · Sucesos
Noventa migrantes ahogados durante la invasión de Ceuta del 30-31 de julio yacen en fosas comunes del cementerio musulmán de Sidi M'Barek, solo nueve identificados, mientras sus madres buscan desesperadamente a través del ADN si sus hijos están vivos o muertos en Marruecos o España.
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El cementerio musulmán de Sidi M’Barek de Ceuta se ha visto obligado a ampliar urgentemente sus instalaciones para albergar los cuerpos de la crisis. Una excavadora trabaja en la ladera de la montaña para hacer hueco a noventa personas ahogadas durante los días 30 y 31 de julio. Son enterradas en fosas comunes bajo tierra y una piedra blanca con un número de expediente aséptico e impersonal, cuatro cifras que reemplazan historias humanas de las que nadie tiene registro.
La historia de Salma y los identificados
Solo nueve de los noventa cuerpos han sido identificados. Uno de ellos es Salma, la única mujer entre los ahogados cuyo cuerpo quedó del lado español. Tenía 22 años y era la hermana mayor de tres. Cuando sus dos hermanos varones partieron hacia Ceuta, la madre la envió a buscarlos y traerlos de vuelta. Pero Salma no llegó a la orilla. En sus fotos de TikTok aparece bajo un pañuelo, bellísima. Solo siete de los nueve identificados tuvieron familiares en el entierro porque muchas familias no consiguen visado para salir de Marruecos.
Said Mohamed, encargado del cementerio
Said Mohamed lleva 26 años trabajando en el camposanto. Normalmente entierran entre 15 y 20 personas por mes. Días antes de la avalancha, ya habían recibido siete cuerpos, lo que alertó de que algo anómalo estaba sucediendo. Después del asalto, durante seis días enterraron a 90.
«El cementerio se nos ha quedado chico», explica Said. Los cuerpos llegan de cuatro en cuatro en ataúdes. Un imán los lava, pasan por la mezquita donde se pronuncia el rezo del fallecimiento, y los bajan en camillas, de uno en uno, metidos en bolsas blancas. Para que no se entierren solos, Said contacta a voluntarios jóvenes que hacen bulto en la despedida anónima y rezan por personas que no conocen.
Morgue de emergencia y crisis humanitaria
La avalancha fue descomunal. En Ceuta tuvieron que habilitar una habitación nevera en el Hospital Militar con capacidad para 200 cuerpos. Los de Criminalística de la Guardia Civil trabajaron intensamente en identificaciones que a día de hoy no han acabado. Hasta 5.000 personas se colaron en el cementerio y dormían sobre las tumbas, durmiendo mal, lavándose entre las lápidas, comiendo, incluso haciendo chozas en los árboles mientras las excavadoras trabajaban inhumando a sus compañeros.
Búsqueda desesperada de desaparecidos
El teléfono del encargado del cementerio no ha dejado de sonar. Madres preguntan si sus hijos están vivos o muertos, pidiendo pistas sobre cómo reconocer a un ahogado. Muchas especulan si estén en una cárcel o un hospital. Said explica que lo primero que hacen al llegar a territorio español es pedir teléfono para llamar a casa. Si no llaman, es porque no llegaron.
Las autoridades han abierto un centro en la aduana del Tarajal con una oficina para búsqueda de desaparecidos, donde familias entrega detalles y fotografías para la búsqueda. Las identificaciones deben hacerse a través de análisis de ADN de los fallecidos y sus familias, muestras guardadas en instituciones forenses. Frente a la mezquita, en el lado de los vivos, cuelgan imágenes de chicos jóvenes desaparecidos con mensajes en árabe, fotografías descoloridas de chavales que miran desde otra dimensión.
Rechazo de Marruecos a la repatriación
Mientras el Gobierno español celebraba la colaboración del Gobierno marroquí, el régimen alauita no ha aceptado la repatriación de los muertos que quedaron sepultados en fosas comunes. Los empleados del cementerio, musulmanes ceutíes, comparten la indignación con los cristianos: «Esto no debería haber pasado y tiene que terminar ya. Nos sienta muy mal ver a la ciudad en esta situación, nuestra tierra, en la que han entrado como en una invasión».