Viernes, 16 de octubre de 2026
Trump suspende la retransmisión en directo de la ejecución de Nidal Malik Hasan, que será fusilado en diciembre en Fort Hood
3 minutos de noticias · Internacional
Trump rectifica a Pete Hegseth, que había anunciado que la ejecución se emitiría en directo, y la deja solo para los familiares de las víctimas. Hasan mató a 13 personas en la base de Fort Hood en 2009.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la suspensión de la retransmisión por streaming de la ejecución de Nidal Malik Hasan, que será fusilado por un pelotón en diciembre en Fort Hood, la misma base donde mató a 13 personas e hirió a 32 más en 2009.
Hace diez días, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, causó una gran conmoción en Estados Unidos y en el resto del mundo al decir que cualquiera podría ver la muerte en directo, lo que provocó comparaciones con los métodos de grupos terroristas como el Estado Islámico. Trump, que apenas 48 horas antes había confirmado que Hasan se enfrentaría a un pelotón, rebajó de inmediato el tono. Lo mismo hizo el vicepresidente, JD Vance, que puso en duda que la ejecución llegara a producirse y afirmó que él no presenciaría ese espectáculo.
En sus redes sociales, Trump escribió: “Transmitir la ejecución en directo para que todos la vieran podría haber sido un fuerte elemento disuasorio para que el mundo presenciara cómo Estados Unidos trata a terroristas y escoria como Hasan, pero muchas personas buenas y bienintencionadas preferirían no verlo morir, ni por transmisión en directo ni por ningún otro medio visual. Morirá, según lo previsto, por fusilamiento, pero este evento no será transmitido. Dicho esto, la ejecución podrá ser presenciada en persona por los familiares directos de las víctimas, si así lo desean. ¡Merecen presenciar la JUSTICIA!”.
La semana pasada, Hegseth había prometido hacer pública la ejecución y confirmó que se transmitiría en directo. Ayer mismo, el Pentágono aseguró a los periodistas, preguntado por el debate interno del Ejecutivo: “El secretario tiene razón. Se transmitirá en directo. Próximamente se darán más detalles”.
La última ejecución pública autorizada por el Estado en Estados Unidos tuvo lugar en 1936 en Kentucky, cuando 20.000 personas presenciaron el ahorcamiento de Rainey Bethea. El fusilamiento es muy raro: formalmente solo está permitido en Idaho, Oklahoma, Utah, Carolina del Sur y Misisipi. Tres personas fueron ejecutadas de esta manera el año pasado en Carolina del Sur, y antes de eso solo tres lo habían sido desde 1977, todas en Utah. En las ejecuciones es habitual que acudan familiares de las víctimas, incluso décadas después del crimen, y que haya algunos testigos, como investigadores o periodistas. La única excepción fue la de Timothy McVeigh, responsable de los atentados de Oklahoma de 1995, que se retransmitió en circuito cerrado de televisión para unos cientos de testigos. Una empresa quiso emitirla por internet, pero la justicia lo rechazó.
La Administración ha recibido muchísimas críticas, incluidas las de figuras de su propio partido y de líderes religiosos y de la sociedad civil. También le llegaron avisos de sus asesores sobre la impopularidad de fusilar a alguien que está en silla de ruedas y sobre el efecto que eso crearía en internet. Hasan quiso morir durante su atentado para “convertirse en mártir”, según explicó a los interrogadores, y los críticos temen que su ejecución lo convierta en algo parecido a un referente dentro del mundo yihadista.
El líder republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, también avisó de las preocupaciones de sus colegas: “Necesito comunicarle a la Casa Blanca lo que algunos de mis colegas opinan al respecto, y no todos están a favor de la idea”. Johnson afirmó que él tampoco lo vería.
La decisión deja todavía más expuesto a Hegseth, quizá la figura más controvertida del Gobierno, que acumula escándalos casi semanales y peleas con su equipo, y que puede pagar las consecuencias de la guerra de Irán si los republicanos pierden las elecciones legislativas de noviembre.
Trump, en su mensaje, culpó al FBI de la época de Barack Obama de no haber actuado: interceptó comunicaciones electrónicas entre Hasan y el clérigo radical yemení-estadounidense Anwar al-Awlaki, y sus investigadores concluyeron que no representaban una amenaza, lo que se considera un grave fallo de inteligencia.