Viernes, 6 de noviembre de 2026
Una tumba escita del sur de Siberia revela el consumo de cannabis por sus efectos psicoactivos hace 2.800 años
3 minutos de noticias · Ciencia
Los autores del estudio en Science lo relacionan con rituales escitas y, de forma preliminar, con posibles sacrificios humanos. Las semillas halladas en el túmulo son de variedades silvestres con altos niveles de THC.
El cannabis se cultivaba en Asia Oriental hace unos 6.000 años, probablemente al principio por sus semillas, ricas en aceite. Hallazgos en las tumbas chinas de Yanghai y Jirzankal, con restos vegetales machacados o carbonizados, sugieren que su uso por efectos psicoactivos se remonta al menos a hace 2.500 años. Esos restos también podrían corresponder a una ofrenda funeraria, un remedio, incienso o fibra para tejidos.
La evidencia más antigua
Este jueves, un equipo internacional ha publicado en la revista Science la evidencia directa más antigua del consumo de cannabis por sus efectos psicoactivos: 2.800 años. Procede del túmulo funerario de Tunnug 1, vinculado a la cultura escita, en el valle de Uyuk, al sur de Siberia.
Allí se recuperaron más de 1.400 semillas. Según la datación por radiocarbono, fueron depositadas en torno a la primera década del siglo VIII antes de Cristo, entre 803 y 768 a. C., coincidiendo con la construcción del sitio. Por su morfología y tamaño, los investigadores concluyeron que eran de variedades silvestres, algunas de las cuales podrían producir naturalmente cantidades relativamente elevadas de compuestos psicoactivos.
El descubrimiento más revelador fue la identificación de cannabinol en el cabello de personas enterradas en el lugar. Este compuesto se produce por la oxidación del THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis, y junto a él aparecieron señales químicas más débiles del propio THC. En el centro del túmulo había seis individuos, pero las circunstancias de las tumbas dificultaron identificar a quién pertenecía el cabello analizado.
A diferencia de la sangre, que refleja una exposición reciente, el pelo puede conservar señales químicas durante periodos más largos. Los autores reconocen que no se puede descartar del todo la exposición pasiva al humo o el contacto con otras personas consumidoras, pero creen que los resultados respaldan que estos pobladores usaban el cannabis por sus efectos en prácticas culturales y ceremoniales.
Un ritual anterior a Heródoto
Los autores lo relacionan con una tradición ritual de los escitas y otros grupos de Asia Central. Un relato de Heródoto (siglo V a. C.) describe a los escitas quemando cannabis e inhalando sus vapores en un espacio cerrado. El descubrimiento de Tunnug 1 es anterior a ese relato en varios siglos.
Lo que dicen los investigadores
Gino Caspari, del Instituto Max Planck de Geoantropología, en Jena (Alemania), y autor principal del estudio, habla de «una afortunada coincidencia». «Por supuesto, conocíamos los escritos de Heródoto, quien describe cómo los habitantes de las estepas consumían sustancias que alteraban la mente o el estado de ánimo. Pero cuando comenzamos a excavar el túmulo funerario en Siberia, jamás hubiéramos imaginado encontrar pruebas tan contundentes», explica.
Aunque no se pueda distinguir entre uso activo y pasivo, «en ambos casos alguien lo quemó, por lo que había una intención detrás y, sin duda, tuvo un efecto psicoactivo». Según Caspari, estas poblaciones conocían bien los efectos de la planta, ya que la variedad silvestre tiene altos niveles de THC. Pero no es posible estimar su potencia solo por las cantidades halladas: «La potencia también depende mucho de las condiciones en las que crece la planta, y no solo de su genética», apostilla.
Los autores creen que la droga se usaba en prácticas chamánicas, quizás para sedar a individuos que iban a ser sacrificados. Caspari cita «evidencia preliminar de sacrificios humanos en el túmulo funerario»: «Es posible que sedar a las víctimas tuviera sus ventajas, pero esto es solo una suposición. No podemos probarlo».
«Sin duda —continúa—, (el cannabis) estaba arraigado en un profundo contexto ritual y cultural, no en el uso recreativo casual que solemos ver hoy en día. Pero, al fin y al cabo, se trata de sociedades prehistóricas y no sabemos con exactitud qué pensaban esas personas sobre su consumo».
Como en esta cultura se enterraban muchos objetos importantes de la vida cotidiana, «podemos suponer que el cannabis se consideraba algo importante, con un uso y significado que trascendía la tumba misma».